El flamenco no se hereda automáticamente. Se aprende, se vive y, en los casos más extraordinarios, se transforma. A lo largo de su historia ha habido artistas que no solo dominaron su arte sino que lo empujaron hacia un lugar que nadie había visto antes. Conocerlos es entender de dónde viene todo lo que se escucha hoy en un tablao como Flamenco El Real, en el corazón de Triana.

El flamenco fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010. Estos son algunos de los artistas que hicieron posible ese reconocimiento.

Los que construyeron el edificio

Pastora Pavón, La Niña de los Peines (Sevilla, 1890-1969) es para muchos entendidos la cantaora más completa que ha dado el flamenco. Debutó a los ocho años en una caseta de la Feria de Sevilla y grabó más de 170 cantes a lo largo de cuarenta años. Fue amiga de Manuel de Falla y Federico García Lorca, y la Junta de Andalucía declaró sus grabaciones Bien de Interés Cultural. Su monumento en la Alameda de Hércules todavía preside uno de los paseos más emblemáticos de Sevilla.

Antonio Mairena (Mairena del Alcor, Sevilla, 1909-1983) fue el gran custodio del cante más puro. Cantaor de referencia en los palos más exigentes —seguiriyas, soleares, martinetes—, recibió el Premio Nacional de Arte Flamenco y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, y su influencia sobre los cantaores que vinieron después es tan profunda que todavía hoy se habla de la corriente «mairenista» dentro del flamenco.

Carmen Amaya (Barcelona, 1913-1963) revolucionó el baile con una técnica de pies y una energía que su época simplemente no había visto. Debutó con cuatro años acompañando a su padre guitarrista, recorrió los principales escenarios de América y Europa, y llevó el flamenco al cine con Los Tarantos (1963). Su estilo rompió las convenciones de género del baile flamenco y sigue siendo referencia ineludible para cualquier bailaora.

Enrique Morente (Granada, 1943-2010) fue el cantaor que más lejos fue sin perder de vista de dónde venía. Exploró el flamenco con música clásica, con Leonard Cohen, y en 1996 grabó Omega junto al grupo de rock Lagartija Nick, un disco que dividió a la afición y que el tiempo ha convertido en obra maestra. Premio Nacional de Música 1995, su influencia sobre el cante contemporáneo es incalculable, y su hija Estrella ha heredado tanto su apellido como su forma de entender el riesgo.

Camarón de la Isla (San Fernando, Cádiz, 1950-1992) ganó su primer premio de cante jondo a los dieciséis años y en 1968 se convirtió en artista residente en el Tablao Torres Bermejas de Madrid, donde conoció a Paco de Lucía. Juntos grabaron nueve discos que redefiniron el flamenco de su época. Su álbum La leyenda del tiempo (1979), con instrumentación eléctrica y ritmos de rock, fue un escándalo en su momento y una profecía a largo plazo. Murió de cáncer de pulmón a los cuarenta y un años. En San Fernando, un museo lleva su nombre desde 2021.

Paco de Lucía (Algeciras, Cádiz, 1947-2014) tomó la guitarra flamenca y la llevó a lugares que nadie había imaginado: el jazz con John McLaughlin y Al Di Meola, la fusión con ritmos latinoamericanos, el virtuosismo solista que llenó teatros en todo el mundo. Trajo el cajón de Perú al flamenco en los años setenta y cambió para siempre la percusión del género. Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2004 —el primero y único concedido a un artista flamenco—, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y Doctor Honoris Causa por el Berklee College of Music. Murió de un infarto en México a los sesenta y seis años.

artistas flamencos importantes de la historia

Los que lo llevan hoy

Tomatito (Almería, 1958) tomó el relevo junto a Camarón cuando Paco de Lucía se concentró en su carrera en solitario, y forjó con él una complicidad que marcó los últimos años del cantaor. Guitarrista de fraseo elegante y compás impecable, es uno de los tocaores más respetados de su generación y sigue siendo referencia viva del toque flamenco.

Eva Yerbabuena (Frankfurt, 1970, criada en Granada) es una de las bailaoras más rigurosas y personales del flamenco contemporáneo. Premio Nacional de Danza 2001, ha construido una trayectoria basada en la profundidad coreográfica y en un baile que prioriza la expresión sobre el virtuosismo externo. En 2025 recibió el Olivier Award de danza en Londres, el mismo premio que Sara Baras había recibido seis años antes.

Sara Baras (San Fernando, Cádiz, 1971) fundó el Ballet Flamenco Sara Baras en 1997 y desde entonces ha convertido su compañía en una de las más activas e internacionales del panorama flamenco. Premio Nacional de Danza 2003, Olivier Award 2019 por Sombras y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2022. Lleva tres décadas firmando coreografías que combinan la tradición con una teatralidad elaborada, y sus espectáculos se han representado en algunos de los teatros más importantes del mundo.

Israel Galván (Sevilla, 1973) es el artista que más lejos ha ido en la exploración de lo que el cuerpo puede hacer desde el flamenco. Hijo de bailaores, Premio Nacional de Danza 2005, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2012 y Officier dans l’Ordre des Arts et des Lettres en Francia 2016: una colección de reconocimientos internacionales que refleja algo importante, que lo que hace Galván trasciende las fronteras del flamenco para entrar en conversación con la danza contemporánea de cualquier origen.

Miguel Poveda (Badalona, 1973) es el cantaor que ha ampliado el flamenco sin traicionarlo. Con raíces en Cataluña pero formado en el cante más ortodoxo, Premio Nacional de Música, ha construido una voz propia que se mueve con autoridad entre el flamenco de siempre y territorios más fronterizos como el fado o la canción de autor. Su capacidad para llegar a públicos que no vienen del flamenco ha abierto muchas puertas que otros no habían querido o sabido abrir.

Estrella Morente (Granada, 1980) nació en una familia de flamenco por los cuatro costados —hija de Enrique Morente y de la bailaora Aurora Carbonell— y debutó a los dieciséis años. Premio Ondas a la Mejor Creación Flamenca, Premio de la Música 2006 y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, ha participado en las bandas sonoras de Volver de Almodóvar y Chico y Rita de Fernando Trueba. Su voz es una de las más reconocibles del flamenco actual: cristalina, directa y con una profundidad que no necesita artificios.

Rocío Molina (Málaga, 1984) es probablemente la figura más arriesgada del baile flamenco de su generación. Premio Nacional de Danza 2010, lo recibió con veintiséis años, convirtiéndose en la persona más joven en obtenerlo. Su trabajo coreográfico no se parece al de nadie: construye espectáculos donde el baile flamenco dialoga con la performance, el teatro físico y la instalación artística, y lo hace desde un dominio técnico que le permite romperse las reglas sin que se note que las ha roto.

Una historia que sigue escribiéndose

Estos nombres son una selección, no un límite. El flamenco tiene una densidad de talento que ningún artículo puede agotar, y cada generación añade voces y cuerpos que empujan el arte un poco más lejos de donde estaba. Lo que sí es constante es la fuente: Andalucía, sus barrios, sus tablaos, la cadena de transmisión de artista a artista que lleva siglos funcionando.

En Flamenco El Real, en Triana, esa cadena sigue encendida cada noche.

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